Chile ante un mundo que se reorganiza: reflexiones desde el debate sobre política exterior de Estado


Por Fernanda Araya Barrera

El martes 21 de abril asistí a una conferencia que, sin exageración, vale la pena reseñar. En el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, la Fundación Chile 21 y el Foro Permanente de Política Exterior convocaron a cuatro voces con trayectorias distintas, pero con una preocupación compartida: ¿cómo debe posicionarse Chile en un mundo que ya no funciona como antes?

En el panel estuvieron Carlos Ominami, ex senador, Gloria de la Fuente —ex subsecretaria de Relaciones Exteriores—, Ignacio Walker ex canciller y Alfredo Moreno quien fuera ministro de relaciones exteriores. Cuatro figuras que representan distintas sensibilidades políticas, lo cual hizo del diálogo algo más que una exposición de consensos: fue un debate real sobre cómo Chile debe entender su lugar en el mundo.

Un mundo multipolar que no espera

Lo que más me quedó resonando de la jornada fue la constatación de algo que en OLA llevamos tiempo analizando: el orden internacional está cambiando de manera estructural. Ya no hay una sola potencia que dicte las reglas del juego. Estados Unidos sigue siendo determinante, pero China, la Unión Europea, Rusia y bloques regionales emergentes disputan espacios de influencia en todos los ámbitos, desde el comercio hasta la tecnología y la seguridad.

En ese contexto, ¿qué hace un país como Chile? La discusión en el panel dejó en claro que la respuesta no puede depender del color político del gobierno de turno. De ahí el concepto central que dio nombre al evento: una política exterior de Estado, es decir, una hoja de ruta que trascienda las administraciones y que se sostenga en valores, intereses nacionales y principios claros de inserción internacional.

La tensión entre lo urgente y lo estratégico

Uno de los momentos más interesantes del debate fue cuando se puso sobre la mesa la tensión entre la política exterior como respuesta a la coyuntura —reaccionar a lo que pasa en el mundo— versus una visión estratégica de largo plazo. Gloria de la Fuente, fue clara en señalar que Chile tiene capacidades diplomáticas valiosas, pero que esas capacidades se desperdician cuando no hay continuidad ni visión compartida.

Ignacio Walker, por su parte, planteó la necesidad de recuperar una tradición chilena de política exterior basada en el derecho internacional, el multilateralismo y la solución pacífica de controversias. En tiempos en que el unilateralismo y la lógica del más fuerte ganan terreno globalmente, esa tradición no es solo un valor simbólico: es un activo estratégico.

Chile, América Latina y el Sur Global

Alfredo Moreno y Carlos Ominami, desde perspectivas distintas, coincidieron en algo que como observatorio nos parece fundamental: Chile no puede pensar su política exterior de espaldas a América Latina. La región es nuestro entorno inmediato, nuestro mercado natural y, sobre todo, el espacio donde nuestras decisiones tienen mayor impacto y donde podemos construir alianzas que amplíen nuestra voz en foros globales.

Este punto conecta directamente con la misión de OLA. En un momento en que el Sur Global busca nuevos canales de articulación política y económica, la capacidad de los países latinoamericanos para hablar con una voz más coordinada —sin perder sus particularidades— es una de las preguntas más urgentes de nuestra época.

La autocrítica que más me resonó: de arriba hacia abajo ya no alcanza

Hubo un momento del debate que no esperaba y que, a mi juicio, fue el más valioso de la jornada: la autocrítica. Se puso sobre la mesa algo que pocas veces se dice tan abiertamente en este tipo de espacios: Chile ha gobernado —y también ha construido su política exterior— de arriba hacia abajo. Desde las élites hacia la ciudadanía, desde los ministerios hacia los territorios, desde los acuerdos técnicos hacia las personas.

Y ese modelo ya no funciona. No porque haya sido siempre malo, sino porque el mundo —y Chile mismo— ha cambiado. La ciudadanía exige participar, los territorios tienen voces propias, y las comunidades que viven las consecuencias de las decisiones internacionales —tratados comerciales, acuerdos ambientales, migraciones— merecen ser parte del proceso, no solo destinatarios de sus resultados.

Gloria de la Fuente lo dijo con una claridad que me quedó grabada: antes de proyectarnos al mundo, necesitamos conocernos a nosotros mismos. Una política exterior que no está anclada en una comprensión honesta de quiénes somos como sociedad —con nuestras diversidades, nuestras tensiones, nuestras deudas históricas— difícilmente puede ser sostenible.

Esa frase me parece un punto de partida poderoso. Gobernar desde abajo hacia arriba no es solo una consigna participativa: es una forma distinta de entender la legitimidad del Estado y de la diplomacia. Significa que la política exterior no puede construirse solo en cancillerías y centros de pensamiento, sino también escuchando a las regiones, a los pueblos originarios, a las comunidades migrantes, a los jóvenes que se preguntan qué lugar ocupa Chile en el mundo que ellos van a habitar.

Mis impresiones: lo que me llevo

Salí del Instituto de Estudios Internacionales con la sensación de que este tipo de debates son exactamente los que hacen falta: espacios donde personas con visiones distintas se sientan a construir puntos comunes sin renunciar a sus diferencias. En tiempos de polarización, eso no es poco.

También me quedo con la urgencia que transmitió el panel: el mundo no está esperando que Chile termine sus debates internos para redefinir sus alianzas, sus cadenas de suministro o sus reglas de comercio. El multilateralismo está bajo presión, los bloques regionales se reconfiguran y las oportunidades que no se toman ahora pueden cerrarse mañana.

Desde OLA, seguiremos atentos a estos procesos, convencidos de que el momento de Latinoamérica requiere exactamente esto: análisis riguroso, diálogo plural y acción coordinada. Este evento fue, en ese sentido, un ejemplo a seguir.

Fernanda Araya Barrera, Coordinadora de la RED mujeres del Observatorio Latinoamérica Ahora (OLA.

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