La dignidad es uno de esos conceptos que todos podemos entender o colegir, pero que pocas veces sabemos definir. Es un concepto que la gran mayoría de nosotros ha dicho en algún discurso, alocución, vociferado en una marcha, escribiéndolo en una pared, en un lienzo o simplemente haciendo el acto más humano que existe: exigir esa dignidad.

 

Durante el estallido social en Chile en octubre del 2019, la palabra o concepto dignidad fue usada a rabiar a tal punto que se rebautizó de manera popular lo que conocíamos como “Plaza Baquedano” a “Plaza de la Dignidad”. Como es de costumbre, el ser humano comenzó la búsqueda de los íconos de esta revuelta, puesto que desde tiempos inmemoriales los humanos han querido expresar y marcar hitos con símbolos.

 
Pero: ¿Qué entendemos por “dignidad”?
 

Para entender el concepto debemos comprender su origen. Este tiene raíz en la tradición judeocristiana en la cual se señala que el ser humano es creado a imagen y semejanza de “Dios”. Luego podemos encontrarnos con conceptos que nos explican la dignidad como: la capacidad del ser humano de estar consciente de su existencia, estar dotado de inteligencia y, además, tener la capacidad de usar esta inteligencia para mejorar nuestras vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de la libertad que nos ha sido otorgada por el hecho de ser humanos.

Según la abogada María Luisa Marín, el concepto de dignidad es “consustancial al desarrollo de los Derechos Humanos durante el siglo XX, al ser un atributo que no distingue edad, sexo, etnia, género, creencia religiosa, opinión política, situación civil ni económica. La idea de dignidad aparece así en los textos jurídicos indisolublemente ligada al concepto de Derechos Humanos. Los hombres tienen derechos que han de ser reconocidos por el poder político porque tienen dignidad. La dignidad humana es la causa de que se reconozcan derechos. En una palabra: es su justificación”.

Podemos entonces decir que la justificación para el cumplimiento de los derechos es que todas y todos nacemos con dignidad. Es algo inherente, o sea, que tenemos por el simple hecho de existir. Es por esto que nadie puede no ser digno. Quitarle la dignidad a una persona es mutilar su existencia, puesto que es esto lo que nos pone por sobre otros en la escala de la evolución, nuestra capacidad para tolerar al diferente, nuestra capacidad de inventar para mejorar el mundo o nuestra sociedad. Pero tampoco podemos pretender un “exceso” de dignidad, puesto que pudiésemos caer en una paradoja dando vuelta al concepto hasta el punto de considerarlo como un privilegio.

¿Qué “tan digno” es “dignidad”?

Vamos a un caso práctico: ¿qué es una vivienda digna? En Chile, año 2024, si uno consulta por la calle no sorprenderá escuchar la opinión que es “digna” una casa que cuente con: un aislamiento térmico y auditivo, acceso a internet, a diferentes servicios, ya sean escolares, de salud, de abastecimiento o de disfrute de nuestra ciudad. Que cuente con los servicios básicos, áreas verdes y una buena locomoción, entre otras características. Por sugerir un pequeño ejercicio. En fin, opiniones más, opiniones menos, nos vamos a dar cuenta de que finalmente la dignidad se resume al mínimo de condiciones que requiere el ser humano para tener una vida en la plenitud de sus posibilidades innatas y su personalidad.

Dignidad versus Privilegio.

Entonces, ¿si tengo una mansión con miles de hectáreas a mi disposición solo?

 

¿estoy asegurando mi dignidad? Vivir en esas condiciones, en el contexto nacional y global, significa estar en una situación privilegiada. Puesto que no es viable que todos los seres humanos vivan de esa manera, en cuanto a recursos naturales, uso de energía y espacio, ya que necesitaríamos los recursos naturales de 4 o 5 planetas Tierra más para poder vivir así. En otras palabras, con esa forma de vida privilegiada, ha puesto su bienestar por encima del de la comunidad, en detrimento de la “dignidad” de los demás. Una característica clásica del privilegio.

No es que el concepto dignidad venga necesariamente adherido al de austeridad, pero sí viene pegado al sentido común. A una mínima conciencia, al darte cuenta de que al rebasar de tal manera a tus pares, ya estás en una situación de privilegio con respecto al resto de la población. El privilegio también te hace ser particularmente responsable para con la sociedad.

Un mundo en cambio.

Tomando otra arista del ejemplo de la casa digna… ¿Qué pasará si esta misma pregunta la hiciéramos en los años 80, o en los años 50, o en los años 20? Lo más probable es que las necesidades humanas hayan ido variando notablemente. Desde tener un pozo séptico hasta tener un baño dentro de la casa.

Pasó de tener un humilde techo de paja a uno de materiales especiales. Las necesidades van variando también con respecto al avance de la ciencia humana, ósea que esta ciencia y los avances tecnológicos están a disposición de la dignidad nuestra, por lo que mientras más avance el tiempo, más elementos iremos sumando a la dignidad. Por otro lado, también va a variar si la pregunta de la vivienda digna se la hacemos a una persona que vive en Noruega y a otra que vive en Etiopia, puesto que las condiciones económicas del país y de la sociedad en general también harán variar el concepto de dignidad.

Del futuro

Para que este concepto se siga ampliando, necesitamos de un combustible que es el que hace andar al motor de la dignidad y ese combustible es la organización social y el ejercicio de nuestra ciudadanía.

 
Entendiendo el concepto ciudadano como quien se involucra en los asuntos de su civitas, con capacidad de ejercer y exigir nuestros más inherentes derechos. Es por esto que anteriormente indiqué que el exigir y engrandecer los derechos es el mayor acto de humanidad. Para finalizar, quisiera que nunca más diga: “no soy digno o digna”. Diga en su lugar: “no puedo hacerlo”, “no tengo las competencias”, incluso un “no soy honorable”… pero su dignidad no puede perderla nunca. Es inherente a su condición humana, y si ha variado en algo, la dignidad en el tiempo es su valoración positiva, por la lucha de tantas mujeres y hombres en pos del engrandecimiento de esa dignidad que es suya y es nuestra.
 
Fuente: La Gaceta Radical

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