Desde el 7 de octubre de 2023, la Franja de Gaza vive y enfrenta una verdadera catástrofe en múltiples niveles: humanitario, sanitario, ambiental y social, especialmente ante la continuación del genocidio, el cierre de los pasos fronterizos y la prohibición impuesta por la ocupación israelí a la entrada de ayuda humanitaria.
La magnitud de esta catástrofe se manifiesta en el deterioro de las condiciones humanitarias y sanitarias, así como en las pérdidas humanas, como resultado de las continuas violaciones por parte de la ocupación israelí del acuerdo de alto el fuego y de su incumplimiento de sus disposiciones. Esta situación ha provocado la caída de mártires y heridos entre la población de Gaza desde la firma de dicho acuerdo en Sharm el-Sheij, Egipto, bajo el patrocinio de Estados Unidos, Egipto y Catar, y con la presencia de líderes de la mayoría de los países del mundo, en octubre de este año.
La crisis sanitaria sigue agravándose, con la persistencia de fallecimientos entre los pacientes. Informes del Ministerio de Salud palestino y de la Organización Mundial de la Salud indican la muerte de un gran número de enfermos debido al retraso o la prohibición de las evacuaciones médicas necesarias fuera de la Franja de Gaza.
No cabe duda de que la escasez y la continua prohibición u obstrucción de la entrada de ayuda y suministros médicos esenciales por parte de la ocupación israelí agravan el sufrimiento en general, y de manera particular el de los heridos y los enfermos.
En medio de este inmenso sufrimiento, causado por el continuo desplazamiento de enormes números de familias palestinas que se han quedado sin refugio y viven en tiendas de campaña deterioradas, estas se ven constantemente expuestas durante el invierno a inundaciones provocadas por fuertes depresiones atmosféricas. Las intensas lluvias y el frío extremo han causado la muerte de decenas de personas y la inundación de decenas de miles de tiendas que albergan a los desplazados, haciendo que la población de Gaza viva una “verdadera catástrofe”. Esto se agrava aún más por el colapso total de las infraestructuras, como consecuencia de los brutales bombardeos israelíes que han afectado a todos los sectores de la Franja. A ello se suma la reducción del territorio de Gaza y su división en tres zonas: zonas rojas bajo control del ejército israelí, zonas amarillas consideradas peligrosas y que también permanecen bajo su control, y zonas verdes, que constituyen las áreas designadas para el desplazamiento de la población. Esta división incrementa la dificultad de encontrar espacios habitables adecuados.
A pesar de los continuos esfuerzos internacionales y de las Naciones Unidas, y a pesar de la emisión de varias resoluciones que exigen un alto el fuego inmediato y la entrada urgente de ayuda, Israel sigue aferrándose a su arrogancia y continúa violando este acuerdo mediante bombardeos, asesinatos y destrucción constantes, además del cierre de los pasos fronterizos de Gaza, que constituyen sus arterias vitales. Asimismo, se limita el papel de la Autoridad Palestina y de la UNRWA – Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, en la protección de los derechos de los palestinos en general y de los refugiados en particular.
En consecuencia…
La situación en Gaza requiere una intervención internacional y urgente, incluso intensiva, por parte de todos, para evitar el agravamiento de la catástrofe humanitaria, ambiental, social y sanitaria, y para hacer frente a los planes sionistas de desplazamiento forzoso de la población de la Franja, así como a la confiscación de tierras y propiedades en Jerusalén y Cisjordania. Se trata de políticas que la ocupación israelí ha aplicado desde 1948, con apoyo estadounidense y occidental, con el objetivo de liquidar completamente la causa palestina.
Por SAHER HASAN ALMASSRI





