Propuesta de Ministerio para el Ordenamiento territorial y las aguas.

El Instituto para la seguridad alimentaria será una entidad estatal que se encargará de planificar la disponibilidad hídrica de todas las cuencas hidrológicas del país, sus ingresos y sus egresos, clima, ciclo hidrológico y, a base de la cantidad de agua total, se calculará su consumo según el siguiente orden de prioridades, enfocando al ser humano dentro del reino animal y siendo parte de un equilibrio eco sistémico del cual depende su existencia y calidad de vida. Uno de los grandes errores del humanismo fue separar al hombre de los ecosistemas naturales. Esto nos llevó a pensar que todo gira en torno a nuestra propia existencia, pasando por alto las demás formas de vida y sus servicios ecosistémicos. Por lo cual, a continuación, hago una propuesta de priorización de consumo hídrico. Consumo Ecosistémico: Se calculará el consumo de los bosques nativos, evapotranspiración, escorrentía superficial, napas subterráneas, humedales, flora y fauna, y todo cuanto ser vivo consuma agua en la cuenca del Bío-Bío. Asumiendo que de la salud de nuestros ecosistemas naturales depende la salud de nuestra economía urbana, disponibilidad de agua potable en la ciudad y alimentos en consecuencia para la población. Si nuestro consumo ecosistémico no está asegurado, es imposible pensar en una economía saludable y calidad de vida en la zona urbana de una cuenca.

 

Consumo humano y ganadero: Al tener nuestros ecosistemas saludables y el ciclo hidrológico estable, se calculará el excedente de agua destinado al consumo humano y animal, por lo que se deberá calcular la población humana y ganadera que resiste una cuenca desde el excedente hídrico que nos queda del eco sistémico. Es decir, calcular la disponibilidad máxima de personas y el ganado que resiste una cuenca.

 

Consumo agrícola: Una vez asegurada la armonía del funcionamiento eco sistémico, y la población humana y no humana en general (perros, gatos, etc.), se calculará el máximo de actividades agrícolas que se pueden desarrollar en la cuenca, y pongo a la agricultura por sobre la actividad forestal y minera por el hecho de que esta actividad económica “la agricultura” produce alimento que, en caso de crisis económica o desastres naturales, se puede consumir entre la población local, por lo que creo que la seguridad alimentaria está por cualquier otra actividad económica.

 

 

Luego de tener cubierto el consumo ecosistémico, humano y animal, y asegurado también el alimento. Se debe calcular el excedente hídrico para destinar a actividades económicas no comestibles, como son el monocultivo forestal, la minería o cualquiera fuese la industria que va a consumir agua. Deberán estas actividades económicas estar rigorosamente calculadas y controladas en su consumo y tratamiento hídrico. Si en una cuenca, por ejemplo, el excedente industrial está ocupado en forestales y en la cuenca hay una minera, se deberán eliminar las actividades forestales o la actividad minera en caso de que se quiera comenzar una nueva empresa en un territorio que está trabajando a su máximo de consumo hídrico. Toda esta planificación es para evitar el desastre socioeconómico y ambiental de las paltas en Coquimbo y Valparaíso, donde el problema no radica en el palto en sí mismo, podrían ser pinos, podrían ser manzanos, el problema está en la plantación ilimitada de un monocultivo en un territorio, como ocurre actualmente con los pinos y eucaliptos en la zona centro sur de Chile.

 
La priorización del consumo tiene como fin evitar la sobreexplotación industrial que ha demostrado traer pobreza y sequía a los territorios. Sequía que sufren los campesinos y sus ganados al no estar priorizados en su consumo hídrico, causando procesos de migración humana y muerte de ganado a causa de la deshidratación y la sed. Muchas tierras agrícolas también son destinadas al monocultivo forestal u otras actividades económicas. Existen ejemplos como lo que ocurre en la región de la Araucanía donde hay miles  de millones de activos en pino, pero es la región  de las regiones más pobres del país o la región de Coquimbo, donde las mineras toman el agua derretida de los glaciares en la misma cordillera de los Andes para su consumo exclusivo.

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